A 20 años del robo al Banco Río: el golpe perfecto que cambió la historia criminal argentina
Se cumplen 20 años de uno de los hechos policiales más impactantes y recordados de la Argentina: el robo al Banco Río de Acassuso, un golpe sin disparos, sin heridos y con una puesta en escena tan audaz que terminó convirtiéndose en leyenda y película.
El 13 de enero de 2006, mientras un negociador policial era entretenido con pedidos de pizza y cantos de cumpleaños dentro de la sucursal, una banda perfectamente organizada vaciaba 147 cajas de seguridad y escapaba por un túnel subterráneo hacia el sistema de desagües pluviales. Cuando la policía logró ingresar a la bóveda, el botín —valuado en millones de dólares— ya estaba lejos, junto con sus autores.
El plan no había nacido en una celda, sino en la mente de Fernando Araujo, un artista obsesionado con el detalle y la planificación. La premisa era clara: evitar la violencia para reducir las condenas y maximizar el impacto simbólico del golpe. Sebastián García Bolster, “el Ingeniero”, fue el encargado de diseñar el túnel y el sistema de escape, utilizando herramientas hidráulicas silenciosas y un dique que permitiera avanzar contra la corriente del agua.
Luis Mario Vitette Sellanes, el rostro visible del asalto, se convirtió en el encargado de negociar con la policía, sosteniendo durante horas una escena que mantuvo en vilo al país entero. La burla final llegó con una nota que quedó grabada en la memoria colectiva: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores”.
El plan se derrumbó semanas después por una traición interna, cuando Alicia Di Tullio delató a la banda tras descubrir que su pareja planeaba huir con otra mujer. Las detenciones llegaron, las condenas se cumplieron y el mito quedó instalado.
Dos décadas después, los protagonistas tomaron caminos distintos: algunos capitalizaron la fama, otros eligieron el anonimato y hubo quienes buscaron reinventarse lejos del delito. Pero el impacto del robo sigue intacto. El asalto al Banco Río no solo expuso fallas en la seguridad bancaria, sino que también marcó un antes y un después en la forma de narrar el crimen en la Argentina.
A 20 años, el “robo del siglo” continúa siendo recordado no solo por el botín, sino por la inteligencia del plan y la ausencia de violencia, una combinación que lo transformó en uno de los episodios policiales más fascinantes de la historia reciente del país.
