Tenía 11 años, pidió ser adoptada y eligió a su mamá: una historia de amor que nació en Bahía Blanca
Lo que comenzó como un vínculo educativo en 2023 se transformó en una adopción plena que sentó un precedente judicial y confirmó que el derecho a la identidad también puede empezar con una elección consciente.
Lucila Saredi, psicopedagoga comunitaria de 42 años, conoció a Rocío mientras trabajaba en un Centro de Educación Complementaria de Villa Nocito, en Bahía Blanca. La niña asistía a la institución a contraturno y provenía de un hogar de menores. El primer encuentro fue determinante. Rocío lo recuerda con palabras simples y profundas: “Fue como mirada… mirada y amor”. A partir de allí comenzó un vínculo que, sin saberlo, cambiaría la vida de ambas.
Con el correr de los días, Lucila empezó a involucrarse más en la situación de Rocío, especialmente al detectar irregularidades en su documentación. El lazo se fortaleció hasta que la niña dio el primer paso y le pidió que la visitara en el hogar. Tras consultar con profesionales, Lucila accedió. En ese primer encuentro fuera de la institución, Rocío fue directa y clara: “Quiero ir a tomar un helado, pero en realidad quiero que me adoptes”.
Rocío tenía una historia marcada por decisiones difíciles desde muy pequeña. Vivió sus primeros años con tíos abuelos y, con apenas ocho años, manifestó en la escuela que no quería seguir allí. Luego fue institucionalizada, sin referentes familiares estables. A los nueve años expresó formalmente su deseo de ser hija de Lucila, convencida de lo que quería para su vida y su identidad.
El proceso judicial fue atípico. Lucila no estaba inscripta en el Registro de Adopción y Rocío no tenía decreto de adoptabilidad. Sin embargo, la contundencia del vínculo fue clave. La niña se presentó ante el asesor de incapaces y afirmó: “Quiero que ella sea mi mamá para la ley, quiero tener su apellido”. Tras casi dos años, más de diez informes profesionales y cinco testigos, el Juzgado de Familia N°2 de Bahía Blanca otorgó la adopción plena.
Hoy, Rocío María Saredi tiene DNI nuevo y una familia elegida. “En mi vida cambió el amor y la paz”, dice con una madurez que conmueve. Juntas escribieron el libro Abrazo un nuevo hogar y sueñan con seguir ampliando su familia. La historia de Lucila y Rocío demuestra que, a veces, el lazo más fuerte no nace de la sangre, sino de una decisión tomada desde el corazón.
