Pirotecnia: el impacto silencioso que sufren animales y personas vulnerables
En vísperas de las celebraciones de fin de año, especialistas en bienestar animal y organizaciones sociales vuelven a alertar sobre los graves efectos que genera el uso de pirotecnia sonora en perros, gatos, fauna silvestre y en distintos grupos de la población.
La pirotecnia no es un simple ruido molesto. En animales domésticos provoca pánico, desorientación y estrés extremo, ya que los sonidos intensos e impredecibles activan respuestas de huida vinculadas al sistema nervioso. Cada año se registran casos de perros y gatos que se pierden, sufren convulsiones o presentan cuadros de ansiedad severa como consecuencia directa de las explosiones.
Desde el abordaje veterinario y etológico se advierte que el uso de sedantes químicos sin indicación profesional no es una solución adecuada. Estos productos pueden inmovilizar el cuerpo del animal, pero no eliminan el miedo, lo que agrava el estrés interno. En cambio, se recomienda trabajar con estrategias de prevención como el ejercicio previo, la estimulación olfativa, la creación de refugios seguros y el uso de feromonas o suplementos específicamente formulados para mascotas.
La problemática no se limita a los animales. La pirotecnia sonora también afecta gravemente a personas con trastorno del espectro autista, adultos mayores, bebés y veteranos de guerra que padecen estrés postraumático. En estos casos, el impacto auditivo puede desencadenar crisis de angustia, ansiedad o desregulación emocional, generando un sufrimiento evitable.
A su vez, el daño ambiental es significativo. Las explosiones provocan la muerte de aves, alteran ecosistemas y afectan a la fauna silvestre, que no cuenta con refugios ni protección. Por este motivo, en muchas jurisdicciones la pirotecnia sonora está prohibida, aunque su uso persiste por costumbre o desinformación.
Frente a este escenario, el llamado es claro: optar por celebraciones sin ruido, priorizando el cuidado colectivo. Hacer de Navidad y Año Nuevo una fiesta inclusiva implica asumir que el bienestar no puede ser solo para algunos, sino para todos los seres que comparten el mismo espacio. Celebrar también es elegir no dañar.
