Bolivia atraviesa una nueva crisis política y social con cortes y enfrentamientos
El periodista y corresponsal boliviano David Maigua detalló el caótico panorama que atraviesa el país vecino tras semanas de protestas y cortes de ruta promovidos por sectores afines a Evo Morales, lo que ha generado desabastecimiento de insumos básicos y alertas de intervención militar.
En diálogo con Provincia Multimedios, el editor de la revista Tarija Economía y corresponsal del diario El Deber, David Maigua, analizó la profunda crisis social y política que sacude a Bolivia. El conflicto cobró mayor fuerza luego de que facciones evistas marcharan hacia La Paz para exigir drásticas medidas y la renuncia de miembros del arco gubernamental. El periodista reportó que, si bien en las últimas horas se vive una “tensa calma”, la ciudad de La Paz sufre las peores consecuencias debido a los bloqueos de carreteras que impiden el normal ingreso de alimentos, combustible y, lo más preocupante, tubos de oxígeno y medicamentos para los hospitales.
Maigua explicó que la situación se encuentra desbordada y ya se contabiliza al menos medio centenar de detenidos y numerosos heridos por los enfrentamientos. A pesar de que la actual gestión presidencial lleva pocos meses al frente de un país con una economía ya debilitada por crisis previas, diversos sectores de la sociedad civil y de la Asamblea Legislativa exigen que se agoten las instancias de diálogo para frenar la zozobra en la población. Aunque el Poder Ejecutivo logró destrabar conflictos previos con cooperativistas mineros y el magisterio, las organizaciones leales al Movimiento al Socialismo (MAS) radicalizan sus medidas de fuerza.
Ante este complejo escenario, el cronista boliviano señaló que la Iglesia Católica y agrupaciones de los pueblos originarios han manifestado su predisposición para actuar como interlocutores válidos y convocar a una mesa de negociación urgente. Mientras tanto, crece la incertidumbre ante el posible despliegue de fuerzas policiales y militares para despejar las rutas troncales que conectan a La Paz con Oruro, Potosí y Cochabamba. “Bolivia no quiere llegar a un extremo mayor”, concluyó Maigua, remarcando la necesidad de habilitar los accesos viales para garantizar la circulación y evitar que la cifra de damnificados siga en aumento.
